Iván Velásquez Gómez: el hombre que se hizo héroe

Entrevista publicada para la revista Frutos de la Universidad de Antioquia, en diciembre de 2015.

Iván Velásquez Gómez, el colombiano que tiene contra las cuerdas a la corrupción en Guatemala, es considerado un héroe en ese país. Es abogado de la UdeA, ha ocupado altos cargos en la carrera judicial, ha recibido dos premios internacionales por la defensa de los Derechos Humanos y la lucha contra la impunidad y en octubre la Alma Máter lo condecoro como el egresado sobresaliente. Conozca cómo se forjó quien hoy es considerado una vedete de la justicia.

Tiene 60 años. La mitad de su vida ha estado sumergida en el derecho. Desde que se graduó de la Universidad de Antioquia, el 23 de marzo de 1983, ha sido litigante, procurador departamental de Antioquia, magistrado auxiliar del Consejo de Estado, director regional de fiscalías, y magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia.

Conoció cómo Pablo Escobar y su ejército de sicarios aterrorizaron a los colombianos y cómo los paramilitares se aliaron con algunos políticos corruptos.

Hoy ocupa una de las más altas dignidades para un profesional de su tipo: fue designado por las Naciones Unidas como jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), en 2013.

En dos años al frente del organismo logró desenmarañar una red de corrupción que alcanzó al expresidente Otto Pérez Molina, quien renunció en septiembre de este año para enfrentar a la justicia. Seis meses antes la exvicepresidenta de la nación, Roxanna Baldetti, hizo lo mismo. En agradecimiento, los guatemaltecos se han atrevido a llamarlo héroe.

Esa experiencia hace de Velásquez una fuente privilegiada para hablar de justicia, paramilitarismo, impunidad y derechos humanos. Además, siempre está dispuesto a hablar del proceso de paz en Colombia y corrupción.

Tiempo que vale oro 

Sin embargo, en el marco de la condecoración José Félix de Restrepo, que le otorgó la Alma Máter como egresado sobresaliente, FRUTOS lo buscó para hablar de otros aspectos, que se alejan de su discurso público y él aceptó.

Brindó una entrevista telefónica desde su oficina de Guatemala, esta fue pactada a 20 minutos y se prolongó hasta los 40. En ella recordó su niñez –es el menor de siete hermanos-, su educación, al maestro que lo signó, su labor comunitaria en barrios populares de Medellín, sus primeros trabajos y sus gustos más íntimos.

¿Comisionado Velásquez, dónde vivió su niñez?

Yo nací por el sector de Tejicóndor, por El Naranjal, cerquita de la iglesia San Joaquín…Pero a los seis años de edad nos fuimos para Barranquilla. Por la situación económica. Mi papá ya no tenía nada qué hacer en Medellín y le ofrecieron algo en esa ciudad. Primero se fue él y luego nosotros. Regresamos por la misma situación.

Allá hice toda la primaria, en el San Francisco de Asís, un colegio franciscano privado, y en el año 67 o 68 regresamos. Empecé el bachillerato en el Liceo Anexo de la Universidad de Antioquia, que era público departamental y después se llamó Lucrecio Jaramillo Vélez.

En el tiempo mío quedaba en Robledo, era la jornada de la tarde.

¿Cómo estaba compuesta su familia?

Éramos siete hermanos… han muerto dos. Mi Mamá, Mariela, era de Manizales, y mi papá, Alberto, de Medellín. Todos mis hermanos, de Medellín, igual que mi esposa y mis hijos (Catalina, Víctor Javier y Laura). De mis nietos (dice textualmente que tiene cuatro y medio porque uno viene en camino), los últimos tres son nacidos en Bogotá.

¿Tenía algún apodo?

No que yo recuerde… y si recuerdo no lo voy a decir.

¿Los amigos de infancia cómo le decían?

No… ah, ¡sí! Flaco, porque realmente era flaco, casi esquelético. Y mi esposa (María Victoria), me decía mono, porque era mono.

Velásquez mide 1,80 metros, tiene los ojos grises, pero su cabello es castaño tirando a negro y está cubierto por algunas canas, como su barba.

Ella fue compañera desde el Liceo Anexo, cuando permitieron que fuera mixto, un experimento que hicieron en Medellín, tal vez, en 1970. Recibieron ocho o nueve mujeres para tercero de bachillerato. Fuimos compañeros en cuarto y quinto…y en sexto no, pero nos ennoviamos.

¿Qué lo enamoró de ella?

Digamos que la espontaneidad y la alegría.

¿Qué lo marcó como estudiante?

Hubo tres profesores de esos que influyen. Uno, en segundo año (de bachillerato), que me daba religión y artes manuales: Miguel Ángel Rivera, quien ya murió. Con él organizábamos torneos de ajedrez en el Liceo y actividades culturales. Luego, en tercero, o tal vez desde segundo, había un profesor de historia: Arturo Vergara, del que nunca volví a saber nada. Pero, fundamentalmente, un señor que se llamaba Heliodoro Rojas Olarte*, en cuarto, quinto, sexto de bachillerato y primero y segundo año de la Universidad.

Con él sí hubo una relación más estrecha. Él conformó el Círculo de Lectores (Cidelec), nos reuníamos todos los sábados, primero en el Liceo, después en la casa de él y luego en un lugar por Machado: nos reuníamos compañeros del Liceo y del colegio de María en Aranjuez, donde él daba clases.

Leíamos a José María Vargas Vila, los diálogos de Platón, poesía de (Porfirio) Barba Jacob o de Federico García Lorca con una interpretación muy particular, que era como encontrar los mensajes que estaban detrás de esas poesías, entendiendo que Barba Jacob y García Lorca habían cumplido una actividad política en sus tiempos. Fue muy interesante.

También escuchábamos a Gaitán. Heliodoro, además, escribía poesía y cada sábado nos llevaba una para que discutiéramos sobre lo que estaba planteado. Eso lo recogimos en un libro mimeografiado que sacamos entre nosotros.

¿Se consigue el libro?

No. ¡Por decir un libro! Pero era una recopilación de hojas, porque lo hicimos en un mimeógrafo que nos enseñó a hacer. En un marco de madera se ponía un lienzo, con un rodillo y el esténcil. Se llamó Cliceia.

¿Recuerda algún compañero?

Ricardo Saldarriaga Vélez. Terminó medicina en la Universidad de Antioquia. (José) Vicente Cadavid Herrera, que trabaja en Eafit, que estudió economía agrícola. Son los que tengo más presentes; con Cadavid mantengo una relación. De Saldarriaga no sé nada hace más de 20 años.

¿Cuándo decide estudiar derecho?

Desde quinto de bachillerato ya sabía que era lo que quería. Era la orientación natural de los grupos estudiantiles en los que estaba.

El comisionado Velásquez llegó a la UdeA en el segundo semestre de 1975, luego de haber cursado uno en la Universidad Autónoma Latinoamericana.

¿A qué edad comenzó a trabajar?

A los 18. Trabajé en el Éxito, no en labores de almacén sino de bodega. También como profesor en un colegio en Manrique… El Pérez Triana, que es o un prócer o un expresidente de 1800. Santiago Pérez Triana fue presidente de Colombia en 1874, a la edad de 44 años.

Estuve como profesor de historia y geografía. Después, en la Universidad fui el herramientero, el de la vigilancia de las cosas mientras construían el edificio de (la facultad de) ingeniería; la obra estaba a cargo de un hermano mío que es ingeniero.

Luego, en 1979, me vinculé a un juzgado penal del circuito. Ese mismo año me casé y seguí trabajando en otros juzgados; finalmente de un juzgado superior salí a ejercer (de manera independiente).

Mi segundo hermano, abogado, había sido juez civil del circuito en Medellín, se retiró, puso oficina y eso coincidió con el tiempo en el que salí del juzgado superior, de manera que me fui a su oficina. Fue después del grado, en 1983, y ahí estuve ejerciendo hasta 1991, cuando me nombraron Procurador Departamental.

Hablemos de sus gustos… por ejemplo un deporte, el fútbol…

Más bien poco. Me gusta a veces verlo. Fracasé desde muy pequeño, era de los troncos que nadie quería meter. (Se escucha una risa).

¿Le gusta algún equipo?

El Medellín. Si me dicen que de qué equipo soy aficionado, digo del Medellín.

¿Por qué?

Creo que fue la asociación, cuando estaba viviendo en Barranquilla, con la ciudad de Medellín. Porque salgo de la ciudad a los 6 años, y estar en otra, en un medio totalmente extraño, a esa edad… la conexión mía con Medellín era el equipo. Así se desarrolló mi afinidad con el Independiente Medellín.

¿La música?

Sí. La latinoamericana me gusta mucho. Por ejemplo Mercedes Sosa, Inti Illimani, Quilapayún, Alberto Cortés… me gustan Rafael, Leonardo Favio. Me ha gustado también la que llamamos colombiana.

¿Vallenato?

¡No! (Ríe). Música antioqueña de cuerda… Fausto me gustó en su momento. Me gustan los tangos, pero no soy un experto al estilo Carlos Gaviria, que distinguía una versión de otra.

Un escritor…

No tengo ninguno favorito. Si tuviera que mencionar a alguien diría Dostoievski, pero no hay una preferencia… Me gusta Los hermanos Karamasov.

Mencionó al doctor Carlos Gaviria… ¿Recibió clase de él?

No. En la Autónoma hice el curso de Teoría General del Estado, pero cuando llegué, el doctor Gaviria era de las clases de las 10 de la mañana de Introducción al Derecho. No se me acomodaba al horario por el trabajo que tenía. Debía buscar siempre la primera clase de la mañana y después de las 5 de la tarde.

¿Recuerda un sitio en especial, un bar, por ejemplo?

Fuimos mucho a la Biblioteca Pública Piloto. En la mañana o en los fines de semana. A bares no. Hacia el año 74 o 75, cuando estaba en sexto de bachillerato y durante mis primeros años en la universidad, con Vicente Cadavid íbamos en bus al barrio El Popular porque allá estuvimos en contacto con Jesuitas que desarrollaban trabajo hasta en la contribución en las construcciones, como especies de mingas… íbamos todos los domingos desde las 8 de la mañana, a reuniones donde los Jesuitas… ya ni me acuerdo dónde era.

Eso fue una actividad que realizamos, con mayor intensidad, durante un año. Y recuerdo de la Universidad de Antioquia a Elías. Era de servicios generales o jardinero. Él escribía poesía, vivía en El Popular… íbamos a su casa a reuniones con la comunidad.

En este punto de la entrevista, minuto 29, el comisionado Velásquez interrumpe. Nos estamos extendiendo mucho, no sé qué vamos a hacer. Muy interesante porque estoy recordando cosas que no había vuelto a pensar, pero se está acabando el tiempo. Realmente nunca he hablado de estas cosas.

Para finalizar, ¿qué consejo les da a los estudiantes de hoy que quieren llegar a ser un profesional íntegro?

No sé. Es una pregunta complicada. Creo que uno tiene que mirar siempre a la sociedad. Ver cómo vive la gente y cuál es su lucha por sobrevivir y por mantenerse dentro de la legalidad. Si un joven mira hacia esa realidad, le puede permitir no solo fortalecer sus valores, sino como una manera de contribuir algo en que la justicia social pueda irse desarrollando.

Cualquier joven que mire la realidad con ojos más objetivos, probablemente pueda fortalecer su espíritu, para desarrollar las actividades con una perspectiva muy distinta a esa frialdad en la aplicación de las normas, inclusive en la censura a las personas.

¿Va a regresar a vivir a Medellín?

No sé… porque ahora toda mi familia está establecida en Bogotá y para nosotros, como buenos antioqueños, la unión familiar es muy importante. Irnos para Medellín supondría un problema para los hijos y los nietos.

¿Bandeja paisa o sancocho?

Bandeja paisa, con todo y el colesterol que me afecta mucho.

* Heliodoro Rojas Olarte fue un educador y escritor nacido en Santa Rosa de Osos (Antioquia) en 1932. Fue asesinado en Medellín en 1991. Es una de las víctimas de la Unión Patriótica. Es conocido como El poeta olvidado.

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